Vida cotidiana en la colonia

Aparte del trabajo que se ha de realizar, el día transcurre en una monotonía sólo interrumpida por algunos rezos familiares y las comidas, verdaderos momentos de solaz que permiten conversar y entretenerse con cuentos y anécdotas. Ello hace que normalmente sean parsimoniosas. La comida es también una forma de «homenajear» y de expresar cariño. Desde el bautismo hasta el velorio, todo es acompañado de su respectiva ceremonia culinaria.

Cocina colonial

Los horarios no son bien precisos y dependen de las zonas y de la época del año, o mejor dicho del alba y el ocaso. Pero ordinariamente esta rutina comienza con el denominado almuerzo que es antes de las nueve de la mañana. Entre la una y las dos de la tarde corresponde la comida, la cual, según lo manda la tradición, es seguida por una siesta que es sagradamente respetada por oidores y porteros, frailes y monjas, damas y caballeros, campesinos y empleados. Se finaliza a las seis de la tarde, cuando ya todos se han recogido en casa, con la cena.

Se advierte un gran contraste entre la monótona dieta de las clases populares y la variedad de platillos de los sectores acomodados. Una dieta promedio se compone de cereales, harina y legumbres (54,15%); lácteos y grasas (18,8%); carnes, aves y pescados (23,8%), bebidas, azúcar, etc. (3,24%). La galleta o pan común de una libra aporta casi el 40% de las calorías diarias. El cahaqui, el aceite, las papas, los porotos, el queso chanco y la minestra, especie de sopa de legumbres secas, son la base de la alimentación diaria. El pescado se consume en días de de abstinencia. El chocolate caliente empieza a ganar adeptos entre las familias ricas.

En cuanto a las bebidas alcohólicas, abundan el vino, aguardiente, mistelas y la chicha. Las monjas de los conventos han desarrollado un verdadero arte culinario en la repostería, entre los que destacan las figuras de alcorza – pasta de azúcar – con la que incluso fabrican platos, frutas, jarros, tazas y otros utensilios que sorprenden a los invitados gustosos de saborear tan dulces pasteles. A las manos de las monjas también se deben el manjar blanco, el dulce de membrillo, los duraznitos de la Virgen o de San José.

El pan es en todos los niveles sociales un alimento básico y, aunque se vende, es común que cada familia lo amase con harina elaborada en el molino más cercano (en Santiago hay tres privados y en Concepción está el real y el de los jesuitas). En los sectores de menos recursos su confección sueles ser al rescoldo.

Una tertulia en Santiago, 1790

Las tertulias son un elemento central en la convivencia diaria y una de las pocas formas de entretenerse en la casa. En invierno suelen ser después de la cena y son más cortas que las del verano. John Byron, quien con el tiempo llegará a ser un importante vicealmirante inglés, en 1741, siendo un joven guardiamarina de tan sólo dieciocho años, es testigo de esas tertulias veraniegas en Santiago: “En la época más calurosa del año, las familias acostumbran reunirse desde las seis de la tarde hasta las dos o tres de la mañana para pasar el tiempo entre la música y otras diversiones. En estas reuniones se reparten bebidas heladas, que se preparan fácilmente gracias a la abundancia de nieve que proporciona la vecindad de la cordillera. Las intrigas no escasean en estas fiestas, porque no se piensa en otra cosa durante todo el año. Los fandangos son muy agradables: las mujeres bailan inimitablemente bien y con mucha gracia. Todas nacen con un oído privilegiado para la música, y hay muchas que tienen voces deliciosas, además, tocan muy bien el arpa y la guitarra. El arpa, al principio, parece un instrumento horrible para la mujer; pero luego desaparece el prejuicio porque, comparadas con las mujeres de otros pueblos, sobresalen en el arte de tocarla. Las damas son extremadamente corteses y complacientes, y cuando se les pide que toquen, que canten o que bailen, lo hacen sin vacilar un momento y con muchísima gracia. Bailan varios bailes de figuras, pero el que más les agrada es uno que se puede comparar a nuestro hornpipe (baile típico británico del s. XVII), en el cual despliegan una asombrosa actividad».


Texto de «Chile en cuatro momentos: 1710» de Universidad de Los Andes (2010)

Más información en:

La vida privada durante la colonia en memoriachilena.cl 

Cocina Chilena en memoriachilena.cl 

En el sitio Memoria Chilena puedes descargar:

Pereira Salas, Eugenio. Apuntes para la historia de la cocina chilena .


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