La expedición de Diego de Almagro

Qué motivaría a este hombre pequeño, tuerto y feo, que contaba ya con más de 55 años, a emprender la expedición a las desconocidas tierras de Chile

Don Diego de Almagro había nacido en 1479, en la villa de Almagro, ubicada en la región de La Mancha. Siendo hijo ilegítimo y habiéndole faltado en su infancia un verdadero hogar, decidió, al llegar a la adultez, intentar suerte en el Nuevo Mundo.

Retrato de Diego de Almagro

Qué motivaría a este hombre pequeño, tuerto y feo, que contaba ya con más de 55 años, a emprender la expedición a las desconocidas tierras de Chile, no está muy claro. Varias pueden haber sido sus razones: el rey de España le había hecho una concesión en virtud de sus méritos, que abarcaba las tierras comprendidas entre Cuzco y Taltal. No había quedado claro si la rica ciudad del Cuzco pertenecía a su gobernación de Nueva Toledo, o a la de Pizarro. Para evitar un enfrentamiento con éste, Almagro se decidió a explorar las restantes tierras contenidas en su donación. La expedición coincidía con sus deseos personales de conquistar un territorio propio. Los indios, a su vez, habían asegurado que Chile contaba con cuantiosas reservas de oro y plata.

Siendo Almagro un hombre magnánimo y experimentado, no tuvo mayores dificultades en reclutar su hueste, alcanzando ésta el número de 400 hombres armados, la mayor parte de ellos montados a caballo. A éstos se sumaban 10 mil indios, que transportaban todos los implementos necesarios para la conquista.

“La expedición de Diego de Almagro saliendo de Cuzco”
(oleo de Fray Pedro Subercaseaux)

Partieron del Cuzco en julio de 1535, acompañados por dos dignatarios del imperio inca, que les indicarían la ruta y facilitarían el avance, consiguiendo alimentos. Siguiendo el Camino del Inca recorrieron el altiplano, bordeando los lagos Titicaca y Poopó. En la ribera de este último se detuvieron alrededor de un mes para reponerse y conseguir pertrechos. Con nuevas fuerzas avanzaron hacia Tupiza para bajar después a la región de Jujuy y Salta. En esta llanura sufrieron grandes pérdidas en la carga debido a las inundaciones y a la rebelión indígena, instigados precisamente por uno de los dignatarios incas, que los había abandonado poco antes. Con todo, se prepararon para continuar: gastadas las herraduras de hierro, las reemplazaron por unas de cobre confeccionadas en una fragua portátil. Vadearon con terribles dificultades el río Guachipas y se aprestaron para atravesar la cordillera de los Andes en el Paso de San Francisco, que está a una altura de 4.500 metros. Los españoles caían tumbados por la puna y los indios semidesnudos lloraban de frío. El alimento escaseaba. Tampoco encontraban leña para encender fogatas. Infinidad de hombres quedaron en el camino al morir congelados, a merced de los cóndores. Fue entonces cuando Almagro decidió adelantarse con 20 de sus hombres para conseguir refuerzos. En tres días llegaron al valle de Copiapó.

“Descubrimiento de Chile por Diego de Almagro”
(oleo de Fray Pedro Subercaseaux)

Pronto avanzaron más al sur, estableciendo Almagro su centro de operaciones en el valle del Aconcagua. Desde ahí envió pequeños destacamentos a explorar el territorio. Un grupo mandado a la cordillera para descubrir un nuevo paso regresó pronto con informes desfavorables. El contingente que se dirigió a la costa fue más afortunado, pues se encontró en Los Vilos con uno de los tres barcos que apoyaban por mar a los expedicionarios. Con todo, el reconocimiento más importante fue el río Itata en un avance penoso debido a las lluvias y temperaturas invernales. No encontraron riquezas, pero sí debió librar la primera batalla con los belicosos araucanos en Reinohuelén. Impedido de proseguir más al sur, retornó al campamento base.

En los tres meses que permanecieron los españoles en Chile, su desaliento fue en aumento: los indígenas eran poco hospitalarios y el oro brillaba por su ausencia. Si bien Almagro se sintió tentado de permanecer, atraído por la fertilidad de las tierras y el clima agradable, sus hombres lo presionaron para regresar al Perú, país que ofrecía riquezas mayores y más fáciles de obtener. En septiembre de 1536 la expedición emprendía viaje de regreso al Perú.

Las experiencias adversas los indujeron a escoger un nuevo camino. Aún la sequía del desierto era preferible al frío de la cordillera. Como no había yanaconas dispuestos a seguirlos voluntariamente en la ruta del despoblado de Atacama, los tomaron en leva forzosa y los amarraron unos a otros para que no pudieran escapar. Muchos de estos infelices cargadores perecieron en el trayecto de sed o fatiga. No así el grupo de españoles que logró arribar al Cuzco a principios de 1537. La mayor parte de ellos consideró que la expedición había sido un fracaso: Chile no había tenido nada que ofrecerles.


Texto de: «Los 100 eventos de la historia de Chile» (Editorial Los Andes, 1990).

Más información en:

Diego de Almagro (1479 – 1538) en memoriachilena.cl

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