La esclavitud negra en Chile

La aparición de los esclavos de color en América se remonta a los inicios de la Conquista. A los tres años de haber sido descubierto el Nuevo Mundo aparecen las primeras instrucciones de la Corona española para la introducción de esclavos negros en las nuevas colonias. Tras ellas, la masiva, forzosa y, a veces, despiadada migración negra no se hizo esperar.

El continente nuevo ofrecía un cúmulo de posibilidades económicas al Imperio español que éste no dejaría pasar por un simple problema de escasez de mano de obra. Los esclavos negros, dada su contextura y resistencia para el trabajo, se presentaban como una buena respuesta. Por miles, encadenados y hacinados para la travesía, desembarcaron en tierras americanas. Fue así, aunque en número menor, dadas las características económicas y climáticas de nuestro país, como llegaron los primeros esclavos negros a Chile.

En la primera y fracasada expedición española a Chile, Diego de Almagro habría sido acompañado por un importante contingente de raza negra. A los pocos años, cuando Pedro de Valdivia llegó para asentarse en estas tierras, traía consigo cerca de 150 españoles, cientos de indios y alrededor de diez negros. Uno de ellos, Juan Valiente, fue liberado y como tal se convirtió en propietario de tierras y encomendero. Tal era su vinculación con los conquistadores españoles, que siguió la misma suerte de su jefe, al encontrar la muerte en Tucapel. Otro caso digno de mención es el de Juan Beltrán, hijo de negro y de india al cual, en premio a su heroísmo y fidelidad, el gobernador Oñez de Loyola extendió el título de capitán de infantería y le otorgó una encomienda de quinientos indios.

A los negros que vinieron con los primeros refuerzos militares se agregaron más adelante los traídos como mercancía por los comerciantes que hacia mediados del siglo XVII empezaron a llegar a Chile. La venta de negros se efectuaba con escritura, en la que no se omitía detalle de la mercadería: «Yo, don …, residente en esta ciudad de Santiago, vendo desde ahora para siempre jamás, a don …, un negro bozal, de la partida que acabo de internar en este reino, comprado en el real asiento de Inglaterra, sitio en Buenos Aires; el cual dicho negro es casta de Congo, que obedece por Domingo, de edad de quince años, el cual lo vendo libre de empeño, alma en boca, costal de huesos, a manera de feria, en precio i cuantía de $315».

En un comienzo el tráfico se hizo a través del «circuito del Pacífico», que partía de África, llegaba por Cartagena de Indias, pasaba por Panamá y el Callao, para terminar en Valparaíso. Allí se producía la cruel marca a fuego que no fue abolida sino hasta 1784 por Carlos III. Más adelante, la gran mayoría de la trata de negros se hizo vía Buenos Aires, siendo los portugueses e ingleses sus principales traficantes, Luego de cruzar la cordillera, los esclavos llegaban a Santiago, donde permanecían sólo algunos – dado lo caro y en ocasiones inútiles que resultaban para la aristocracia local – mientras que un contingente mayor seguía vía Valparaíso, rumbo al Perú, donde alcanzaban mejores precios.

Si bien, en general, eran sumisos y fieles, los negros poseían tendencias sanguinarias y exacerbada sexualidad. Por esto, la legislación de los cabildos y gobernadores se empeñó en contener sus excesos. Bajo pena de azote, se les prohibió andar de noche por las calles y cargar armas. Y para aquel que violara a una mujer indígena, se prescribió la pena de castración. Si intentaban huir, las ordenanzas indicaban desde desgarramiento de miembros hasta amputaciones y muerte. Pese a todo, en nuestro país los esclavos negros no recibieron un trato vejatorio y se cuentan numerosos casos en que se les dio la libertad, tanto en vida del dueño como en su testamento.

El desarrollo que tomó la agricultura llevó a ocupar la mano de obra negra en los campos no sólo como peones sino también y, en más de una oportunidad, como mayordomos de hacienda. Quienes más los utilizaron fueron los jesuitas. El trato dado por la Compañía de Jesús a sus esclavos fue especialmente benigno al punto que, los ya mayores, gozaban de alimento y techo gratis sin a cambio trabajar. Esta curiosa situación para un esclavo se debió a la orden enviada por el Superior General de la Congregación que prohibía vender a los esclavos salvo por «graves delitos incorregible».

La población de color en el país no debió exceder de las 25.000 almas al término del siglo XVIII y seguramente primaron los mulatos sobre los negros puros. Ya por entonces su uso estaba circunscrito casi de manera exclusiva a las labores domésticas de casas adineradas. Tener un negro que caminara delante de su amo constituía un lujo que pocas familias de la aristocracia chilena podían costear.

Los siglos habían transcurrido y al momento que el país alcanzaba su independencia, la raza negra en Chile se encontraba en franca extinción. No fue raro entonces que el Primer Congreso Nacional – en 1811 – aprobara el proyecto de Manuel de Salas que declaraba «libres a los hijos de los actuales esclavos que nazcan de ahora en adelante», vale decir, la libertad de vientre. Fue un primer paso que, si bien no alteró mayormente la economía nacional, ubicó a nuestro país entre los primeros en abolir la esclavitud en el mundo. La abolición definitiva de la esclavitud se produjo el 23 de junio de 1823, por iniciativa de José Miguel Infante.


Texto de: «Los 100 eventos de la historia de Chile» (Editorial Los Andes, 1990).

Más información en:

La esclavitud negra en Chile (1536 – 1823) en memoriachilena.cl

La abolición de la esclavitud en Chile en Archivo Nacional de Chile

En el sitio Memoria Chilena puedes descargar:

Mellafe, Rolando. La introducción de la esclavitud negra en Chile : tráfico y rutas.

Grubessich S., Arturo. Esclavitud en Chile durante el siglo XVIII : El matrimonio como forma de integración social.

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