El sistema de encomienda

Elemento de conflicto entre los intereses de la Corona, los conquistadores y sus descendientes, la encomienda fue una institución de gran importancia económica y social en el pasado colonial.

Su origen se encuentra en España, pero en América adoptó modalidades propias que la distinguieron. Fue Cristóbal Colón quien la instituyó en las Antillas, al exigir el servicio gratuito de los indios en las tierras agrícolas. De ahí se difundió por todo el continente, transformándose en el gran motor de la conquista, al permitir la utilización de grandes masas de indígenas como fuerza de trabajo.

La encomienda fue la principal forma que tuvo la Corona española para premiar el esfuerzo de los conquistadores por sus servicios en América. Consistió en «un derecho concedido por merced real a los beneméritos de las indias para cobrar y percibir para sí los tributos de los indios que se les encomendaran, por sus vidas y las de un heredero, conforme a la ley de sucesión, con cargo a cuidar del bien de los indios en lo espiritual y temporal, y de habitar y defender las provincias donde fueran encomendados y hacer cumplir todo esto».

Correspondió originalmente al capitán de la hueste y posteriormente al gobernador señalar los beneficiados con encomiendas. En la etapa de la conquista se hicieron acreedores de las mismas los soldados más destacados. Asentada la Colonia, fueron los hombres de confianza y los parientes de la autoridad quienes las disfrutaron.

En Chile la encomienda, que primitivamente había sido formulada como pago de tributos, adquirió características propias adecuándose a las condiciones de los indígenas, los que por su escaso desarrollo económico no estaban en aptitud de tributar para el español. Así, cuando Pedro de Valdivia realizó las primeras reparticiones de indios, éstos se vieron compelidos a prestar servicio personal, convirtiéndose en la mano de obra necesaria para explotar los lavaderos de oro, la base fundamental de la economía durante el siglo XVI.

El Encomendero.
Felipe Guamán Poma de Ayala, Lima, ca. 1612/1615.

Según la localización geográfica variaban las características de la encomienda. En el Norte Chico su número fue reducido; en la zona comprendida entre el Aconcagua y el Maule aumentaba la cantidad de indios encomendados. Al sur del Biobío estaban las más numerosas, debido a la abundante presencia de población indígena. Sin embargo, éstas eran las más precarias, puesto que su goce estaba sujeto a la permanente inestabilidad provocada por la guerra de Arauco.

Al igual que el resto de América, en Chile el sistema de encomienda fue objeto de variadas críticas, debido al trato cruel dado por los españoles a sus indios. Buscando atenuar la dureza de las mismas en su afán protector de los derechos de los indígenas, las autoridades dictaron diversas leyes u ordenanzas destinadas a reglamentar la relación entre encomenderos e indios encomendados.

La primera de estas normas fue la sancionada por el gobernador GArcía Hurtado de Mendoza en 1561. Las Ordenanzas de Santillán, obra de uno de los juristas españoles que acompañaron al gobernador, reconocieron la existencia del servicio personal, señalando sus límites. Fue así como se prohibió cargar a los indios, se limitó su edad para servir y se establecieron turnos para el trabajo. Además, la ordenanza determinó que los indios que se dedicaban a faenas mineras debían recibir la sexta parte del oro extraído, dinero que sería destinado a la adquisición de ropa, ganados y otros bienes necesarios para elevar sus condiciones de vida.

Felipe Guamán Poma de Ayala, Lima, ca. 1612/1615.

Pese a todo, los abusos continuaron y las protestas por la existencia del trabajo personal se agudizaron, debiendo la Corona aprobar una nueva ordenanza propuesta por el gobernador Martín Ruiz de Gamboa en 1580. La tasa de Gamboa, como se le conoció, dispuso el fin del trabajo obligatorio del indio, sustituyéndolo por un tributo en oro o especies y su agrupación en pueblos de indios bajo la tutela de un administrador. Desde allí podrían alquilar libremente su trabajo y así pagar el tributo.

La ordenanza de Gamboa tuvo corta duración, resultando en la práctica un completo fracaso. Los encomenderos la rechazaron y los indios se vieron entregados a administradores que, junto con abusar de ellos, se aprovecharon en sus rentas. Así, los conquistadores beneficiados con encomiendas, conformaron un grupo privilegiado que se constituyó en el sector predominante de la sociedad. La encomienda se transformó en la base de la riqueza y quienes no fueron agraciados con ellas debieron conformarse con una posición secundaria.

Los conquistadores y sus descendientes, que además gozaron de los cargos públicos, dirigiendo así los destinos del país, llegaron a conformar una aristocracia que se vio incrementada por la continua llegada de nuevos contingentes destinados a servir en el ejército o la administración.

Si bien la encomienda comenzó a perder significado a fines del siglo XVI debido a la disminución de la población indígena y con ello su importancia económica, mantuvo su prestigio social. Permaneció como un privilegio de las familias aristocráticas, contribuyendo así a la formación de un poderoso sector social cuya influencia se proyecta aún después de la abolición de la encomienda en 1791.


Texto de: «Los 100 eventos de la historia de Chile» (Editorial Los Andes, 1990).

Más información en:

La encomienda en Hispanoamérica colonial en revistadehistoria.es

La Encomienda en memoriachilena.cl

En el sitio Memoria Chilena puedes descargar:
Góngora, Mario, Encomenderos y estancieros : estudios acerca de la constitución social aristocrática de Chile después de la conquista 1580-1660.
Meza Villalobos, Néstor, Política indígena en los orígenes de la sociedad chilena.
Jara, Alvaro y Pinto, Sonia. Fuentes para la historia del trabajo en el Reino de Chile: legislación, 1546-1810. volumen 1 y volumen 2
Jara, Alvaro. Trabajo y salario indígena siglo XVI

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